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De mayor quiero ser valiente

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Había escrito doscientas veces la carta de despedida, había enumerado cada uno de los motivos por los que estaba haciendo esto, y me los había aprendido de memoria, para poder explicarte el torbellino de emociones que he sufrido todos estos meses. Pero nunca me salen las cosas como yo quiero, he olvidado por un momento todos y cada uno de los puntos, mi lengua se hizo un nudo, y no fui capaz de decirte nada con sentido. A la tercera va la vencida, incluso para las cosas dolorosas, y las batallas perdidas. Me temblaban las manos, y me fallaban las rodillas, sentía frío en el hueco de mis costillas, en el mismo punto en el que me acariciabas a veces, y no era difícil ver que aquello me estaba desgarrando por dentro, pero de vez en cuando, hace falta soltar la carga, volar un tiempo a solas y encontrarse de nuevo, sobre todo si llevas dos años naufragando.  Por ello, hoy me he puesto mis zapatos preferidos, me he sujetado el pelo en una coleta alta, y me he intentado convencer de ...

Y para comer...el mundo

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Creo que ya me he dado cuenta, me han hecho falta muchas lágrimas, y pocas ganas de vivir durante más tiempo del que había aguantado nunca. Me he sentido fuerte, sentí que al final había encontrado el motivo de mi existencia, que al fin estaba completa y que al fin podría vivir tal y como yo quería, porque antes..no valía nada. Pero me han hecho falta mil heridas guardadas en palabras escritas a ordenador, para ver que lo que sentía, en nada se parecía a lo que debía ser. Mil veces me dijeron, que no me confiase, que era muy inocente, muy niña, muy buena... pero no quise hacer caso, escribo ahora esto con el corazón en un puño, porque puedo llamarla carta de despedida. Siento no ser ahora lo que el mundo veía hace un par de años, pero es que el tiempo pasa, no solo para haber crecido unos centímetros, también para aprender que el mundo es más complicado de lo que yo pensaba, y que por muchas ganas que le ponga hay unas barreras invisibles que no puedo traspasar. Es hora de admiti...

Como Atlas sujetando el peso del mundo

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No hables así. No digas eso. No te sientes así. No comas así. Ese color no . Ese pelo no . Eso no es de señoritas. No hagas eso. Eso no es bonito. No te queda bien. No puedes. No hagas. No digas. Tan corto no . Tan largo no . Tan oscuro no . Tan claro no . No sabes. No llegas. No haces. No eres. NO NO NO NO NO NO NO NO NO . . . . Lo he hecho todo. Lo he cambiado todo. ¿Qué más queréis?

Septiembre

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Septiembre. Has llegado demasiado pronto. Recuerdo todavía la ilusión que se reflejaba en mi rostro y en el de todos mis compañeros cuando el día 3 de Junio terminamos al fin la temida selectividad. Nos había costado horas de sueño, lágrimas, pesadillas, y mil "no apruebo", pero lo habíamos hecho, habíamos terminado, la suerte estaba echada y aunque desconocíamos el resultado...no importaba, a todos nos brillaba la mirada, porque fuese mal o bien, el alivio se abría paso entre nuestras preocupaciones. Una semana después, 10 de Junio, comenzaba el mejor verano de nuestras vidas, o eso nos aseguraba cada profesor que nos veía pasar con corbatas, vestidos, y una ancha sonrisa. Diplomas, deseos, ilusión y muchas ganas de abandonar el edificio para dar rienda suelta a la emoción de tener tres meses para hacer realidad mil planes y sueños.  En estos meses, con el sol en lo alto por testigo, puedo decir que he vivido, he disfrutado de la libertad, me he soltado después ...

Volver a casa

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La última parada frente a la ría, era siempre consciente de mis dudas, guardiana silenciosa de mis lágrimas mal disimuladas y de los aleteos nerviosos y torpes de mi corazón desbocado. Pero al final, terminé enamorada de aquella ciudad alejada de los bosques a los que estaba acostumbrada, de sus calles con baldosas tricolores, de las estrellas que a veces transitaban sus fiestas, y acabé poniéndole nombre a cada banco, a cada parque, a cada calle, según los recuerdos que tengo almacenados en mi desordenada mente.  Aún a veces vuelvo, a recordar los trazos de tinta verde, azul, o incluso rosa que me hacían coger el autobús durante toda la semana, en la última parada frente a la ría. Aquella parada amarilla, destrozada por el paso del tiempo, que hacía que mi inocente alma se pusiese melancólica y que con los días se acabó convirtiendo en casa, en un lugar familiar en el cual parecía que nada podría salir mal, porque aquella triste parada significaba volver, haberse ido y volver, ...

La noche de los fuegos artificiales.

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He encontrado entre la agobiante multitud, una calma que llena el vacío que ha quedado en mi alma. He sido consciente de como mil almas en pena, huecas, vacías, y tristes, personas perdidas, ángeles sin alas, y con alas...pero rotas, entre tanto vacío encontraban un pequeño oasis en su propio desierto de dolor. Partícipe de como un par de acordes, entre focos de colores, capaces de iluminar nuestra fracturada existencia, conseguían que de alguna manera uniésemos nuestras voces, y también nuestra agonía, por unos minutos bajo la atenta mirada de las estrellas en verano. Y la he visto de nuevo, caminando con paso firme, aunque por dentro esté temblando. Como si pudiese resquebrajar el mundo en cada uno de sus pasos, como si realmente no llevase en los tobillos las cadenas del miedo que le impide salir volando.  La he visto brillar bajo la luz de mil estrellas,entre las cuales ella era la que más destacaba, puedo trazar con los ojos cerrados, la curva de su cuello, y el movimi...

Dos océanos

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De nuevo me enfrento a una página en blanco, aunque he de decir que he retomado mi vieja costumbre de escribir un poco cada noche.  Esta vez, es porque he vuelto a ser una bala perdida, un barco sin capitán, un corazón sin sangre, o un alma desangrada, rota y olvidada. Creo que he perdido el rumbo un 14 de Febrero, mientras todos celebraban lo enamorados que estaban, yo deshojaba margaritas mientras corazón y cabeza mantenían una lucha digna de la época medieval, en la que más que declararse un ganador, se declararon dos vencidos. Cuando vuelvo la vista atrás, solo veo un rastro de dolor, un camino gris en el que brillan pedazos de mi alma que se han roto, prefiero no fijarme en ellos, y no ser consciente de lo agujereada que estoy. Tuve que hacer caso, cuando me dijeron que las alas de un ángel por muy rotas que estén no están diseñadas para permanecer en tierra, y yo me até, haciendo caso omiso, a la primera piedra que encontré, sin darme cuenta de que de ese modo, trituraba s...