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Peter tiene miedo a volar

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Sinceramente, llevo mucho tiempo sin manifestarme por aquí, lo que no significa que no haya escrito, o que no haya necesitado hacerlo en algún momento. También he de confesar que quizá este ha sido uno de los mejores años que he vivido, quizá en parte se deba a que, a pesar de todos los pesares, me he levantado feliz cada mañana por llegar a subirme a la tarima, pensar una vez más que me iba a caer de ella, y enseñar, hablar y debatir con los chiquillos, no tan chiquillos, que allí me esperaban. Si en algún momento dudé si lo de ser profe era para mí, os afirmo después de mi primer año que lo estaría haciendo el resto de mi vida y que voy a echar de menos a cada generación que lleve a EBAU (o el nombre que le quieran poner).  Frente a mí se abre ahora un nuevo camino, siento que he cambiado en muchos más aspectos de los que querría haber cambiado, aunque en otros, muy a mi pesar, aún debo seguir trabajando. Me sigue costando no recurrir a la ira en lugar de manifestar cómo me estoy...

Ahora soy yo

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Me encontraba en un pozo profundo, del que creí no saber salir nunca. Braceaba tratando de no ahogarme, de mantenerme a flote pero, siendo sincera, no creí que aquello fuese a durar mucho. Tenía -y tengo- pavor al fracaso, me veía inútil frente a la pluralidad de éxitos que veía frente a mí, incluso cuando no eran para tanto alboroto. No era capaz de comprender que el éxito de otros no era mi fracaso, y eso estaba emponzoñando mi alma. Recuerdo estar frente a una taza caliente de nesquick, en un día no tan frío como parecía, lamentándome porque aquel que había hecho las prácticas conmigo, y había obtenido más nota en ellas, acababa de empezar a trabajar en un colegio privado. En uno de tantos a los que yo había mandado el currículum sin ninguna novedad. No era consciente de que, en apenas un día más, iba a recibir la esperada llamada, aquella que jamás esperé llegar a responder.  Llegó el esperado día, el día D. Pasé tres horas hablando con diferentes personas, mostrando la mejor d...

Enveneno

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He sido un fantasma, un espejismo, una idealización, llámalo como quieras, pero irreal. A veces yo tampoco sé quién o cómo soy, me confundo entre la imagen que quiero dar y lo que soy, mezclo ambas y se diluyen. Quizá por eso un día digo blanco y al siguiente digo negro, indecisa y contradictoria, por eso soy una ilusión, cuando quieres llegar a alcanzarme me desvanezco, porque, en realidad, nunca he estado.  He crecido creyendo que era menos que el resto, por eso siempre que conozco a alguien trato de caer bien, de sentirme a su altura, validada, reconocida. Busco la palmadita en la espalda que nunca he recibido en casa fuera de ella. Esto hace que también sea insegura con todo aquello que hago, nunca creo que esté lo suficientemente bien, que sea lo suficientemente bueno, o que merezca la pena, me suele costar reconocer en público, o en alto, mis logros, aunque internamente lo suelo hacer, salvo días puntuales. Eso no quita que tienda a necesitar un refuerzo positivo. Nunca he si...

Unión

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No soy un lobo solitario, no soy una desapegada, desprendida, ni cualquier otro calificativo que se os ocurra. Nunca he buscado estar en modo "sola contra el mundo", aunque lo haya tenido que estar en más ocasiones de las que me gustaría. Me gusta el grupo, me gusta el sentirme arropada y apoyada, supongo que porque nunca lo he tenido. No nos confundamos tampoco, no hablo de seguir al rebaño como un corderito, pero sí de verse parte de algo, que te reconozcan de algún modo y, a su vez, reconocerte en ellos y a ellos. Lo que estudiábamos en el último año de carrera acerca del reconocimiento de las personas de otra etnia y/o cultura, pero esta vez sin dichas connotaciones. Esta tarde estaba fuera de mi zona de confort, lejos de aquellos que componen mi familia, lejos de conocidos y amigos, allí yo no era nadie en particular, una cara entre tantos que solo tres personas reconocen a priori, aunque al final del día fuese alguna más. Y no pude evitar pensar en que, durante mucho ti...

Vocación

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Cuando era pequeña quería ser monja , porque eso me permitía estar a mis cosas, pensar, no interactuar con el resto del mundo y sentirme en compañía de aquel que me decían que era mi hermano y mi amigo, o sea, Jesús. Sentía por aquel entonces que era a lo que me quería dedicar, desde la ignorancia de una niña de seis años que desconoce más de la vida, claro está.  Crecí, y decidí que quería ser veterinaria . Me encantaban los animales, los gatitos, los perritos, las vacas de mi vecina, las ovejas de mi abuela, montar en los caballos de mis primos e ir a las ferias de ganado. Podría pasarme la vida entera entre animalitos. Me sabía todos los tipos de patos habidos y por haber e iba todos los fines de semana a una charca a verlos e identificarlos en una libreta. Había entrado en bucle, era una obsesión. Mis padres me compraron guías de razas de perros y de otros animales porque me embobaba con cualquier información nueva, hasta que supe que había que operar y ver sangre, entonces des...

Vivo en el pozo

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Hace unas semanas me di de bruces con una lista de películas con anotaciones que no sabía a qué se referían, cuando se supone que debería, y a una lista de temas de los que apenas conocía - o más bien recordaba - nada. Me di de bruces con que, quizá, cuando tenía 17 me equivoqué.  Recuerdo elegir la carrera sintiendo que era la opción que el cuerpo me pedía, que no podía hacer otra cosa, que no podía verme a mí misma en cinco años arrepentida de no haber hecho esto y, cuando terminé, me sentía satisfecha, sentía que no podría haber elegido otra cosa. De algún modo sentía que resonaba conmigo, que era lo mío . Hasta hace unas semanas. Me di cuenta entonces, un máster después, de que realmente no sabía nada, que no recordaba ni la mitad de las cosas, que no sabía por qué quería ser profe si no sabía de qué estaba hablando. Y fue cuando comprendí que la mitad de mis logros eran fruto de la casualidad. Una carrera aprobada con una nota mediocre porque he sido incapaz de darle el tiempo...

Oda al príncipe azul

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  Oh, el príncipe azul, el caballero perfecto por el que espera su dama. Una dama, como no podía ser de otro modo, perfecta, divina, deseando con todo su ser que la encuentren y la salven -porque todos sabemos que las damas necesitan ser salvadas- Ciertas personas padecen el síndrome de Peter Pan, pero es que muchas otras padecen el síndrome del Príncipe azul. No sabría contar cuántas veces he escuchado el mismo discurso, que por algún casual suele ir ligado a una suerte de victimismo. Llegan al mundo creyendo que son especiales, que ellos, por algún casual, son diferentes. La vida les ha dado una posición privilegiada, según su opinión, claro está.  Suelen ser aquellos que no se ajustan a la norma, que han sido relegados durante infancia y/o adolescencia a un segundo plano, los que en su recuperada confianza se creen que son especiales. Ellos poseen algo que el resto no. Claro que hay que hacer del vicio virtud y, ya que en el partido convencional no salimos del banquillo, va...