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Seis veintiséis

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Publiqué una foto que creí nunca atreverme a enseñar y recordé el pozo negro en el que muchas veces me encontré. Me recordé llorosa, apagada, triste y sin encontrar un clavo al que aferrarme, un motivo para levantarme cada mañana... Así que dejé de hacerlo. Pasaban los días mientras yo seguía llevando el mismo pijama y las mismas penas colgadas a la espalda. No puedo creerme, hoy, con 22, las cadenas pesadas que llevaba siendo tan niña, me veo tan cría y tan triste que no me reconozco. A veces tengo malos días, es inevitable, y pienso que todo es una mierda hasta que recuerdo que pisé el infierno y volví entera, o casi. Me miro la muñeca derecha y me paso la mano por donde un tiempo jamás dejé que nadie me tocase, por los recuerdos de las heridas que nunca se cerraban, por mis recordatorios personales de que nada será tan oscuro, tan duro, ni tan doloroso. Nada. Nunca. Hace unos años lloraba porque no desaparecían nunca de mi piel, lloraba pensando que siempre me acompañarían ¿para qué...

De sueños rotos

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Tenía construido un castillo de arena que se me desmoronaba entre las manos y yo no me daba cuenta.  Un día me entró un granito de arena en los ojos y me dejó ciega mientras creía que sobre mis manos aún sostenía mi castillo.  Un castillo de piedra dura, fuerte, que soportaría cualquier mal tiempo, que por nada se me derrumbaría, y cuando he abierto los ojos he visto que sobre ellas no había nada, aire, vacío. ¿Y qué haces cuando te das cuenta de que no tienes nada? ¿que era todo una ilusión? Tengo un pobre corazón que se tambalea mareado por la confusión, añorando una ilusión, un castillo de arena que ahora mismo dudo incluso de que haya existido. Parece que fue un sueño cuando con el alma llena de amor y esperanza construía sus alamedas y ahora me miro las manos y sobre ellas no hay rastro de lo que fue. Lo destrozaron sin que yo me diese cuenta y ahora no sé que hacer. He vivido demasiado tiempo con la cabeza en las nubes, aspirando a un ideal que creía haber alcanzado pero...

Plutón y no satélite

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Hubo un tiempo en el que pasé de ser un eclipse a ser el rayo de sol que más calienta. Hubo un tiempo en el que pensé que esto era un sistema de dos soles gemelos, prácticamente iguales, que brillaban a la par. Pero han pasado los meses de este calendario engañoso, y cada vez más me veo como un satélite de uno de los planetas más grandes de este sistema, y mi fama se basa en el planeta, pero yo nunca quise que así fuese. Mi naturaleza no es la de ser satélite, aunque intente disimularlo, aunque ponga buena cara y muchas sonrisas falsas, aunque no corran lágrimas por las mejillas, por dentro tengo un bombardeo de asteroides que me deja cada vez más en ruinas. Las ruinas de un monumento en honor a este sentimiento que mordisqueaba mis entrañas, que me producía alucinaciones en las que creía que yo brillaba, cuando en realidad me estaba haciendo cada vez más pequeña a su lado. Yo no nací para ser satélite; mi alma clamando a Plutón, disperso, alejado y frío, pero no satélite, no girando a...

Cascabel de otro tiempo

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La vida me daba vueltas, me volvía loca de desesperación en un túnel del que sentía no salir jamás, daba tumbos sin encontrar respuesta, sin encontrar una mísera señal. Pero a veces parece que el tiempo se para, y el torbellino de emociones que me retenía presa me escupió sin miramientos, se hizo la luz, y necesité tiempo para enfocar de nuevo. No tengo palabras para expresar el sentimiento de caer de nuevo en la quietud del mundo cuando sientes que llevas años dando tumbos, cuando has estado en la sórdida oscuridad pensando que quedarías retenida de tus propios sentimientos, de no saber dejar ir, de no aceptar que los capítulos se terminan. Aún caminaba asombrada por el nuevo sendero, por la luz que había iluminado mi pequeño y ordenado nuevo mundo cuando sentí la señal por la que tanto había rogado, si hay un Dios arriba no puedo evitar pensar que al final me lo ha dado, después de tanto clamar. Mi señal estaba justamente delante de mí, y yo tardé en apreciarlo, porque nadie te pre...

Carta a mi yo triste

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Y a veces te veo tan pequeñita, hecha un manojo de nervios y miedo, incapaz de soltarlos, incapaz de liberarte del todo, como si siempre arrastrases un recordatorio de aquello que nubla tu cielo. Y sé que para ti brilla el sol, y cada mañana parece que todo nubarrón se aleja, y aún así tu tiemblas de frío porque lo sientes dentro, porque llevas la tormenta entre las costillas y por mucho que atornilles el caparazón el tembleque de tus manos te delata. Sabes que no aguantarás mucho más. El famoso autocontrol que te caracteriza no puede con todo, y a veces veo como te resbalan las lágrimas por la carita mientras te repites en el espejo que ya está, que va bien. Y lo irá, pero no ahora, pequeña date tiempo, deja que te rocen las mejillas los ríos de lágrimas, deja que tu corazón sienta dolor, y miedo, pero no te ancles en él, puedes ir más allá y lo irás, porque el brillo de tus ojos es el arcoíris tras la tormenta y no te dejes caer que en peores plazas hemos toreado juntas. Este n...

Mi alma de bombilla

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Me siento como si fuese una bombilla que nunca llega a funcionar correctamente, en su momento perdí el manual de instrucciones y ahora no consigue repararme ni el mejor de los electricistas. Estaría mintiendo si dijese que no ilumino, que mi tenue luz por momentos no es la más brillante de la zona, y me siento como si por mis venas corriese una descarga eléctrica, siento el pecho a punto de estallar, lleno de energía, de amor, de una ilusión que me impide ver negro ni el más terrible nubarrón. Juro que ilumino con mi sola presencia como si hubiese un enorme árbol de navidad, y no puedo creerme más dichosa, y siento que el camino tenebroso que he recorrido al final ha dado sus frutos y se ha convertido en una senda dulce, una travesía ligera... pero parece incluso demasiado bonito para ser un sueño y a menudo se rompe. No sé si se rompe el sueño o mi alma de bombilla, pero parece como si alguien hubiese cortado un cable dentro de mí y me apago. De golpe todas mis luces se van, y no co...

Plomo

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Y no tengo forma de deletrear el pesar que siento tan dentro, no comprendo como la felicidad acarrea tal dolor interno, si todos me han dicho desde el comienzo que ser feliz es indoloro, que es solamente sentir un gran gozo, y en realidad mi alma reposa al fondo de un pozo del que no sabe salir.  Cada mañana enmascaro las heridas siempre abiertas, me disfrazo de una alegría muerta, es como ponerse una careta que cada día me pesa más; me encuentro en lo más profundo del océano vestida solamente con un traje de plomo, inevitable caída a la profundidad donde nadie es capaz de rescatarme ni salvarme, carezco ya de fuerzas para gritar, no veo burbujas emanar de mis pulmones y la última vez que lo comprobé carecía de branquias que me diesen minutos más de vida. Por momentos quiero pensar que salgo a flote, temporal salvavidas al que no permito conocer mis más tremendos dolores, no me abriré en canal aunque mi alma lo suplique, porque no hay ninguna primavera que enseñar, tiembla mi in...