Entradas

Ya no quiero

Imagen
Hoy no he venido a hacer metáforas, ni a llenar otra entrada más adornando el dolor, ni las lágrimas. Hoy vengo a hablar con toda la sinceridad de la que soy capaz respecto a este tema. Porque algo me ha hecho click dentro, al verme tartamudeando de miedo, sin ser capaz de pronunciar una mísera palabra frente a las personas que más seguridad deberían darme. Me he visto huyendo temporalmente, buscando refugio en las frías calles, y bancos, mirando los coches pasar y deseando no tener que volver; no sé hasta qué punto alguien debe sentir este pánico, este miedo paralizante del que no puedes salir, que tiñe mi día constantemente.  No me vendáis el tener que querer a alguien por un mero título legal, no me vendáis la excusa de la edad, igual que no me diríais que se debe querer a aquel que te humilla, aunque sea el mismísimo rey del universo. Lo siento, ahora ya no me lo creo. Estoy cansada de escuchar " Oye ¿y este moratón ?", y cansada de responder " Anda pues no sé c...

Florezco

Imagen
Solamente pido después de años de reclusión, un mínimo de libertad, poder saborear con paciencia una pequeña porción de lo que son las alegrías, y en cambio, me lanzan balas. Balas que se hunden en antiguas heridas que al final nunca van a llegar a cicatrizar, simplemente seguirán sangrando eternamente, doliendo y yo en cambio me veo inmune ya al dolor que me provocan.  Cada día estas paredes pesan más sobre mis hombros y creo que las rajas que se forman sobre ellas son porque las estoy rompiendo, sin darme cuenta de que es un espejo de mi alma, y las heridas son mías. No creo que pueda aguantar mucho más, son años y años de herida abierta, recibiendo balas perdidas.  No estoy preparada para salir a flote, no después de años bajo el mar asfixiándome en mis propios miedos, pero creo que hoy me he sentido valiente, he visto que al final, todo es mejor que sentir el dolor ardiendo en los pulmones. Que nada puede ir a peor, y que al final merecerá la pena. Y que me quiten lo b...

eterna condena

Imagen
Este infierno eterno, que me rompe, me desgarra y me impide avanzar...hacía tiempo que no me dolía tanto. Siempre he amado el fuego, pero a veces me quema, por dentro, me abrasa me chamusca y me asfixio. Dos alas blancas cubrían mi espalda en los principios de estos tiempos, me veía tan fuerte como un huracán y no había nadie más valiente, creía que nada habría podido derrotarme entonces, pero sí pudieron. Esto era una guerra de desgaste, una batalla que nunca terminaba, como la condena de un dios para toda la eternidad, Prometeo sufre menos, lo juro.  Ya no quedan plumas blancas para dar crédito de mis alas, ya ni hay esqueleto, solo dos heridas en mi espalda que cada poco sangran de nuevo, y el dolor de haber perdido la capacidad para volar es tan intenso que me despierto sudando en las noches, con el corazón temblando. Llevo por adorno varias cadenas, de las que me he querido liberar mil veces causándome numerosas heridas, tengo la piel en carne viva y aún así sigo tirando, es...

Errores

Imagen
No quedarse estancado, o ser el mismísimo estanque.  Porque si hablamos de estanques, prefiero quedarme aquí, en la orilla, salpicar (chiscar), arrancar hierbas, y deshojar margaritas, a tomar el otro camino, el puente que supera el estanque, que me hará llegar a la otra orilla. No me gusta la orilla en la que mi reflejo está aislado, solitario, y decaído; dadme la orilla que es casa.  Mil veces lo he pensado y lo he añorado, me he visto en la mitad del puente, con mi alma valiente convencida de querer cruzarlo, de que no debía dar marcha atrás, pero algo tiró, quizá un hilo...rojo, y me desgarró un poco el alma. Es un aviso, un aviso de lo que se romperá si lo cruzo, y dudé, me quedé inmóvil con la vista fija en aquel estanque, en él nadaban mis recuerdos, de años y años. En ese ligero instante, en ese limbo entre orilla y orilla, me di cuenta de cuánto añoraba, y aunque al volver, el tiempo había pasado sin darme cuenta y el agua se había evaporado, decidí sentarme a su l...

en negativo

Imagen
A menudo me siento perdida, como un barco sin timón, como si fuese un ancla muy pesada al que no le han atado ninguna cuerda. Simplemente me he quedado ahí, estancada, reviviendo cosas que no me gustaron pero que ahora echo de menos, viendo que tengo por delante una agonía infernal en la que no tengo ni fuerzas para levantarme. Siempre pasa, cuando llega el calor, y veo que todo el mundo vive, ríe, grita, y yo me paso horas en un sofá, mirando las motas de polvo flotar, sin ganas de hablar o de que me hablen, ausente, como cuando hace años me pasaba el día mirando por la ventana. Y a menudo, me echo mucho de menos. Es como tener bloqueado el acelerador, perder la motivación para levantarme de la cama entre en un puñado de papeles arrugados, y no ser capaz de encontrarla de nuevo. Verme reflejada en un espejo hecho añicos, y no saber quién lo ha roto, ni quién es la que me mira con miedo desde el reflejo. Sé que tengo que moverme, y que llevo semanas en un perfecto estado de reposo, ...

Islandés

Imagen
Cada día que pasa se añade un peso más a mis cadenas, a esa condena que cumplo a ciegas, y que cada día se hace más visible ante mis ojos, quería hablar de cuánto brillaba hoy el sol por la mañana, o del eterno viaje en bus de este mediodía, del calor, del sueño, de las ganas, y en cambio voy a hablaros de capítulos a medias. He escrito con polvo de hada y a mano cada una de las palabras del capítulo que nunca he terminado, desde la emperatriz escondida en el hielo más etéreo, hasta el electro más potente, y no sé como seguir. Porque he entendido que no se deben hacer así las cosas, que dar un portazo al final nunca soluciona nada, y que solamente rompe los cristales; no molesta hasta que los pisas, hasta que una pequeña florecilla de color rojo se encendió dentro de mi crisálida, no sé si se trata de curiosidad, de miedo... pero está ahí y me veo haciendo malabares con una mano vendada. No tengo claro de qué extremo de la cuerda he tirar, de un lado cuelga un iceberg que está próx...

A ratos

Imagen
A veces noto que puedo con todo, que las ganas de tirar hacia delante son más fuertes, que este dolor interno que he criado durante algo menos de dos décadas no está a ratos comiéndose lo poco que queda de mi alma.  Me duele aceptarlo, me duele pensarlo, y me duele ver que si echo la vista atrás solamente puedo reconocer el miedo, el mío, a ser yo. Es bastante triste llegar a cierto momento, aunque esta vez quizá no sea demasiado tarde, y ver que has estado durante años con el miedo enredado en el corazón, viendo que te temblaba el pulso al hablar de ti, porque siempre has tenido miedo a que juzgasen. A que juzgasen lo que hacías, los motivos por los que lo hacías, lo que te gustaba, lo que no te gustaba, lo que te hacía sentir bien, o incluso lo que te hacía sentir mal, porque para ellos las cosas nunca debían ser o hacerse tal y como tú las hacías. A estas alturas admito que he crecido creyendo, que todo, absolutamente todo lo hacía al revés, nunca comprendí qué hacía tan...