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A ratos

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A veces noto que puedo con todo, que las ganas de tirar hacia delante son más fuertes, que este dolor interno que he criado durante algo menos de dos décadas no está a ratos comiéndose lo poco que queda de mi alma.  Me duele aceptarlo, me duele pensarlo, y me duele ver que si echo la vista atrás solamente puedo reconocer el miedo, el mío, a ser yo. Es bastante triste llegar a cierto momento, aunque esta vez quizá no sea demasiado tarde, y ver que has estado durante años con el miedo enredado en el corazón, viendo que te temblaba el pulso al hablar de ti, porque siempre has tenido miedo a que juzgasen. A que juzgasen lo que hacías, los motivos por los que lo hacías, lo que te gustaba, lo que no te gustaba, lo que te hacía sentir bien, o incluso lo que te hacía sentir mal, porque para ellos las cosas nunca debían ser o hacerse tal y como tú las hacías. A estas alturas admito que he crecido creyendo, que todo, absolutamente todo lo hacía al revés, nunca comprendí qué hacía tan...

Límite

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Porque al final me paso la vida huyendo, escondiendo las mil puñaladas que llevo en la espalda, y que por desgracia no consigo cerrar nunca. Cada día mi agonía continúa, y no veo que vaya a terminar nunca, intento aguantar, de verdad, pero todo esto me viene grande, hace mella y escuece. Cada día que pasa encerrada en una jaula que debería ser el lugar que más seguridad me da, añadiéndole nuevas cadenas a mis tobillos, y éstas pesan tanto que ya casi no puedo ni caminar. Me tiemblan las rodillas, esas que tengo llenas de heridas de todas las veces que me he caído , no recuerdo pasar un solo día sin que se me empañen los ojos al abrirme de nuevo unas cicatrices que nunca curan. Agoto mis fuerzas en tratar de tener un mínimo de esperanza, soñar despierta en que el día de mañana no será igual que el de hoy, que las paredes no se me caerán encima, que mañana por fin en mi lluvioso interior brillará el sol, pero cuando lo hace...es apenas unos segundos y no me da tiempo a compensar toda ...

No sé si creo

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Se me atragantan, se me anudan, y me hago un lío con las palabras, formo un nudo de nuevo que nunca supe deshacer. Creí por un momento que las penas que llevo en la espalda se habían apagado, que no volverían a aparecer , o que al menos no me harían volver a llover sobre el teclado. Siempre te dicen que después de la tempestad viene la calma, y yo siempre he pensado que después de la calma viene la tempestad, el no poder dejar de estar alerta, porque en cuanto te confías, en cuanto crees que el sol va a brillar casi eternamente, que no va a volver a ser como antes, se apaga la función y te encuentras en el mismo abismo negro en el que has estado durante años. Siempre que algo me hace feliz, me lo quitan, si ellos escriben mi destino, sé que acabaré en el fondo del acantilado, porque todo lo que me de una pizca de alegría, a ellos les quema por dentro, les revienta, y es posible que eso sea la causa, de asustarme cada vez que veo que algo me puede llenar internamente, y me apetece...

Hace sol

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Hoy no vengo a contaros historias tristes. A veces, por casualidad suena un silbido, y no te das cuenta de que más tarde que pronto tu vida va a cambiar, quizá no quise hacer caso al motivo de que pasase tanto tiempo leyendo tus palabras, tus respuestas, opiniones...tú dices que cotilleo, yo digo que recaudo información. Quería conocer, porque tenía que haber algo más, no te confundas, no hago esto con nadie, hasta que llegaste .  Por aquel entonces yo...supongo que me tenía olvidada, nadaba en aguas turbias esquivando un remolino que cada día me quitaba las ganas, que cada mañana se me hacía más pesada que la anterior, pero encontré quizá una vía de escape, puede que de primeras fuese simple distracción, después algo más.  Creo que el punto de inflexión fue la despedida más seca que pude escribir en siglos, el filtro funcionaba bien contigo, aunque...no lo he confesado, pero esperaba que volvieses, esperaba no, esa no es la palabra...se me revolvían las campanillas...

Héroe

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He aprendido desde muy niña que las peores palabras vienen de casa, que no eres nunca el héroe de la película, que el villano está en tu propia familia, y a menudo me invade el miedo a convertirme en lo mismo que es ella.  Vuelvo a escribir aquí, porque dejar que se me congelen los ríos que tengo por mejillas ya no me alivia, porque a veces me veo muy cerca del suelo y solo se me ocurre cerrar los ojos para no ver el golpe. Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en mi tortura personal, es la de noches que me he pasado con la cabeza enterrada en la almohada tratando de soportar el dolor que su presencia me inflige. Me vendieron desde siempre unos brazos abiertos, comprensivos, llenos de cariño y ganas de cuidar, cuando lo único que he recibido han sido golpes, físicos o emocionales, he crecido con la ley del garrote, y a menudo he querido dejarme vencer.  Ni sé de dónde demonios he sacado las ganas o la fuerza para seguir tachando días del calendario a la espera ...

Mil rosas

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Hacía muchísimo tiempo que no me sentía así, que el mundo parecía ir demasiado rápido y de pronto alguien ha parado el crono.  Tiritaba sin saber hacia dónde ir en un bosque helado, veía el mundo desde lo lejos, como si un cristal me impidiese acercarme a lo que ocurría allí. Cada día que pasa sentía el frío instalarse entre mis costillas, congelando mi crisálida, impidiendo a la mariposa que algún día llegase a ver la luz.  Cuando menos lo esperaba, tropecé, con un niño perdido, yo, que soñaba con ser Peter pan, con salir volando a donde los niños jamás crecen, donde todavía quieren dar y recibir, donde no es todo fachada, y mentiras; encontré a un niño solo, al que nadie reclamó, y juro que de su risa, aunque no era la primera, nacieron mil hadas. Quizá ninguno de los dos sabíamos volar, o quizá ya habíamos crecido demasiado, aunque no por dentro; descubrí que todavía había niños perdidos, que estaban muy solos, y que Peter pan no volvería a encontrarse en una isla per...

2017

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Vuelvo a estar aquí, frente al ordenador, otro fin de año más. 2016 había empezado de la misma forma que termina, con voces, llantos, gritos, y heridas olvidadas volviendo a abrirse para recordarme que no va a cambiar nada, nunca. Que van a pasar los años, sin pena ni gloria en esta jaula, que las páginas del calendario ya no ocultan ninguna sorpresa, que cada número tachado es un día menos de vida para mi niña perdida. Sacadme de aquí, creo que lo digo cada año, cada día de cada mes, y es que no puedo soportarlo más, la jaula cada vez es más pequeña, cada vez me duele más y me está marcando en el alma, me la esta partiendo en pedazos. Me estoy rompiendo con cada paso que intento dar, y solamente puedo imaginarme fuera de ella, porque se que no voy a salir nunca, que es mi condena, cumplo condena sin conocer el delito, y nunca soy suficiente para que me suelten, no soy suficiente. Aguanto estoicamente, siempre, hasta que no puedo más, y cada vez mi límite es más pequeño, cad...